Conflicto en Oriente Medio - Comienza la temporada de resultados empresariales y el mercado continúa pendiente de Ormuz
Conflicto en Oriente Medio - Comienza la temporada de resultados empresariales y el mercado continúa pendiente de Ormuz.
Madrid, 17 de abril de 2026
1. Temporada de resultados: el foco está en las previsiones que anuncien las empresas
A la espera de noticias que aclaren en qué sentido pueden evolucionar las negociaciones entre EE.UU. e Irán y a pesar de que el tráfico en el Estrecho de Ormuz sigue sin reactivarse, lo cierto es que la tregua iniciada hace una semana sigue teniendo un impacto muy favorable en el sentimiento inversor al haber neutralizado por el momento el riesgo de escalada del conflicto. El precio del crudo Brent ha retrocedido a la zona de los 99-95$/barril (una caída del 15-20% en lo que llevamos de mes), hay apetito por los bonos de gobiernos, sigue destacando el crédito de grado de inversión con el diferencial europeo situándose incluso por debajo de los niveles de inicio del conflicto, y en las bolsas se imponen las compras: la bolsa global anota subida del 8% en el mes y el Nikkei japonés y el S&P500 y el Nasdaq alcanzaron máximo histórico el jueves.
En este contexto, un catalizador adicional para el sentimiento inversor está siendo las buenas previsiones para la temporada de resultados empresariales del 1ºT que ha comenzado este martes. Como siempre, los primeros en publicar son los grandes bancos de EE.UU. y, hasta el momento, han sorprendido positivamente favoreciendo las compras. No obstante, para poder hacer una valoración es necesario que vaya aumentando el número de empresas que publican con especial foco en la semana del 27 de abril, cuando publican 180 empresas del S&P500 y 100 empresas del StoxxEurope600.
Para el trimestre, en EE. UU., el consenso estima un crecimiento del BPA del 11,2% interanual, acompañado de un incremento de los ingresos del 6,8%. Las revisiones del consenso han sido, en términos generales, positivas, con un crecimiento de los beneficios que continúa ampliándose más allá de las grandes tecnológicas de mega capitalización, a la vez que el sector IT sigue siendo clave. Para las estimaciones del conjunto del año, la inversión impulsada por la IA constituye el motor central, representando aproximadamente el 40% del crecimiento del BPA del S&P500.
En Europa, se prevé que el BPA del StoxxEurope600 crezca en el trimestre un 7,8% interanual, mientras que los ingresos registrarían una caída del -0,7%. Se espera que los sectores Financiero y Energía lideren el crecimiento.
El foco de los inversores va a estar puesto en la capacidad de las empresas de trasladar los costes energéticos, en la exposición que tengan a mercados emergentes/Asia y el impacto que pueda estar teniendo el conflicto de Oriente Medio, así como en los comentarios en relación con la IA, la eficiencia y los márgenes.
En el contexto de la fuerte recuperación que han experimentado las bolsas desde que comenzó el mes de abril, las decepciones en resultados y, especialmente, en las previsiones que ofrezcan las empresas para próximos trimestres pueden tener un impacto relevante y penalizar el sentimiento inversor teniendo además presente que continúa la incertidumbre sobre la duración del cierre del Estrecho de Ormuz.
2. Inflación del mes de marzo: tal como cabía esperar, fuertes repuntes en la inflación general a la vez que las inflaciones subyacentes siguieron moderando
Ya se han publicado los datos de inflación del mes de marzo en EE.UU. y Europa y, como cabía esperar, reflejan el impacto de la subida vertical de los precios energéticos. Antes de continuar con el análisis de dichas cifras, es importante poner de nuevo de manifiesto las diferencias clave entre la situación actual y el proceso inflacionista que se produjo entre 2020 y 2023, que tuvo un origen muy complejo y estuvo acompañado de factores que lo hicieron muy persistente.
¿Cómo se originó la espiral inflacionista 2020-2023?
Tras los confinamientos provocados por el covid19, la reapertura de las economías provocó un fuerte repunte de la demanda mundial, impulsada además por los estímulos fiscales y monetarios aplicados por gobiernos y bancos centrales para mitigar la recesión, así como por el fuerte ahorro acumulado por los consumidores durante la pandemia.
Al mismo tiempo, la oferta, especialmente de bienes, seguía limitada por disrupciones en las cadenas de suministro y por una recuperación muy lenta de la producción. A ello se añadió un mercado laboral tensionado, con escasez de mano de obra en determinados sectores, especialmente en aquellos que requieren presencialidad, lo que generó presiones salariales en origen.
Esta combinación de factores provocó un desajuste prolongado entre oferta y demanda, que se trasladó de forma generalizada a los precios, primero en bienes (por ejemplo, los coches usados en EE.UU. dada la falta de producción de nuevos vehículos) y posteriormente en servicios, dando lugar a un proceso inflacionista muy amplio, con claros efectos de segunda ronda en la inflación subyacente.
En particular, los efectos fueron muy persistentes en la parte de servicios y con rasgos muy específicos. Por ejemplo, en EE.UU. hubo una subida histórica de los alquileres que es el componente de mayor peso en la inflación subyacente. A medida que el mercado anticipaba que la Fed subiría tipos para atajar la inflación, los tipos de interés hipotecarios fueron subiendo de forma vertical, del 3% al 8% entre de diciembre de 2021 y octubre de 2023. Este movimiento, unido a las características del mercado inmobiliario norteamericano, “estranguló” el acceso a la vivienda en propiedad provocando la subida de los alquileres que se trasladó directamente a la inflación subyacente.
En cuanto al petróleo, en mayo de 2020 la OPEP+ hizo un recorte histórico de la oferta de crudo dado el desplome de la demanda por los confinamientos y cierres de centros productivos. A partir de julio de 2021, la OPEP+ fue aumentando la producción, pero a un ritmo que el mercado estimó que era insuficiente para ir cubriendo la reapertura de la economía mundial y esto provocó tensiones en el precio del crudo.
En el contexto del amplio proceso inflacionista que estaba provocando la pandemia, la invasión de Ucrania en 2022 derivó en un shock energético adicional cuya envergadura y duración agravaron aún más los efectos de segunda ronda en la inflación subyacente a nivel global. En el caso de Europa, el impacto fue aún mayor por dos factores: 1) el shock energético adicional fue superior ya que la mayor subida en precio la registró el gas natural europeo al aplicarse la sanciones a Rusia que suponía el 40% de la oferta de gas para Europa; 2) shock en los precios de los alimentos al “desaparecer” la oferta ucraniana de cereales y girasol, de importancia clave para el sistema agroalimentario europeo.
¿Cuál es el punto de partida en el año 2026?
La situación actual de la economía internacional no guarda ninguna similitud con el periodo 2020-2023. A nivel global, la oferta y demanda están plenamente normalizadas y la economía internacional crecía a finales del 2025 a un saludable ritmo de PIB del 3,3%. La inflación subyacente se ha reconducido hacia los objetivos de los Bancos Centrales sin presiones de fondo significativas, especialmente en la Eurozona donde el tipo Depósito está en el nivel neutral/expansivo del 2% desde junio de 2025. En EE.UU. la subyacente ya había retomado la senda de moderación, permitiendo a la Fed reanudar el ciclo de bajadas y situar al tipo oficial muy cerca ya de la neutralidad.
Los datos de inflación de marzo de EE.UU. y Eurozona han reflejado el impacto de los precios energéticos. Sin embargo, en las inflaciones subyacentes ha habido sorpresa favorable al aumentar menos de lo previsto. Si bien no cabía esperar que reflejaran impacto, es importante señalar que en marzo han mostrado que siguen consolidando la senda de moderación y que se sitúan en el entorno de los objetivos de los Bancos Centrales. El punto de partida es bueno en cuanto a niveles y dinámicas de fondo.
En este contexto, es clave recordar que un fuerte repunte de los precios energéticos no es condición suficiente para provocar un proceso de inflación persistente. Por ejemplo, en periodos de la historia reciente como 2006-2008, 2010-2014 y 2017-2019 se produjeron fuertes subidas en precio del crudo con lógico impacto en inflación general pero que no derivó en efectos de segunda ronda relevantes en la inflación subyacente. Para que un shock energético tenga un impacto duradero, es necesario que se produzcan efectos de segunda ronda, es decir, que el encarecimiento inicial de la energía se traslade al conjunto de la economía a través de mayores costes empresariales, subidas de precios en bienes y servicios y, en última instancia, presiones salariales. Es esta propagación la que determina si un shock energético se traduce en un aumento puntual de la inflación o en un proceso más sostenido en el tiempo, y en nuestra visión no nos encontramos en un escenario de esas características.
Conclusiones
• La tregua entre EE.UU. e Irán ha tenido un impacto muy positivo en el sentimiento inversor, con fuerte recuperación de los mercados en particular de los activos de riesgo.
• En un contexto que todavía es de incertidumbre, mantenemos un enfoque prudente en el corto plazo, si bien el alto grado de flexibilidad en las carteras nos permite participar de la recuperación del mercado apoyándonos en una exposición selectiva al riesgo y en la gestión activa. Se trata, por tanto, de un posicionamiento táctico que combina protección y capacidad de adaptación, permitiéndonos ajustar las carteras de forma ágil, aprovechando los puntos de entrada atractivos.
• En el contexto de la incertidumbre en torno al conflicto y la duración del cierre del Estrecho de Ormuz junto con el inicio de la temporada de resultados empresariales, no podemos descartar que se produzcan nuevos episodios de volatilidad en los mercados, con movimientos en los precios de los activos que los sitúen temporalmente alejados de sus medias y desvinculados de sus fundamentales de medio plazo.
• En los mercados de renta fija se ha puesto en precio el tono preventivo que pueden tener los Bancos Centrales pero no se descuentan subidas de tipos agresivas y duraderas en el tiempo. En nuestra visión, esperamos una o dos subidas del BCE (teniendo presente que el nivel actual del tipo Depósito lo sitúa en terreno neutral/expansivo) mientras que para la Fed prevemos que la bajada de tipos se retrase a finales de este año o principios del año que viene.
• En este tipo de escenarios, el horizonte temporal de las inversiones adquiere aún mayor relevancia, en un contexto en el que el ruido de corto plazo puede influir en la toma de decisiones.
Fuente: SAM, Bloomberg, Reuters, AIE, CE, BCE 17/04/2026
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